Qué es un autorretrato: definición, tipos y ejemplos
Qué es un autorretrato, en qué se diferencia de un selfie, qué tipos existen y cómo empezó su historia en la fotografía.
← Blog 27 de enero de 2025 4 min de lectura Autorretrato
Descubre cómo el autorretrato y la autoestima están conectados y pueden transformar tu bienestar y autoconocimiento.
Actualizado: octubre de 2026
Hacerse un autorretrato no es hacerse un selfie. El selfie busca gustar; el autorretrato busca mirarte de verdad. Y ese gesto, repetido con intención, cambia la relación que tienes con tu propia imagen y, poco a poco, con tu autoestima.
Fotografío a otras personas desde 2009. Mis primeros autorretratos son de 2015, pero fue durante la pandemia cuando se convirtieron en una práctica constante. En este artículo te cuento para qué sirve el autorretrato, por qué funciona y cinco ejercicios concretos para empezar hoy, sin equipo especial.
Un autorretrato es una imagen que una persona crea de sí misma: con pintura, dibujo o, en mi caso, fotografía. La diferencia con un retrato normal es que tú eres a la vez quien mira y quien es mirado. Decides la luz, el encuadre, el gesto y el momento. Nadie más interpreta quién eres.
No hace falta que salga tu cara. Un autorretrato puede ser tu sombra, tus manos, tu reflejo en un escaparate o un objeto que te representa. Lo que lo convierte en autorretrato es la intención de contar algo sobre ti.
La autoestima tiene mucho que ver con cómo nos miramos. Solemos vernos con una lupa crítica: la arruga, la postura, lo que «sobra». El autorretrato introduce un paso intermedio: primero haces la foto, luego la miras. Esa pequeña distancia te permite observarte casi como observarías a otra persona, con más curiosidad y menos juicio.
Además, el proceso es activo. No esperas a que alguien te haga una foto «buena»: eres tú quien decide. Esa sensación de autoría sobre tu propia imagen es, en sí misma, una forma de cuidarte.
Un aviso honesto: el autorretrato es una herramienta creativa y de autoconocimiento, no sustituye a una terapia psicológica. Si estás pasando por un momento difícil, puede acompañarte, pero no reemplaza a un profesional de la salud mental.
Solo necesitas el móvil (o una cámara), el temporizador y unos 20 minutos sin interrupciones.
Ponte frente a una ventana con luz natural y hazte diez fotos con el temporizador, cambiando ligeramente la postura en cada una. La regla: no borres ninguna hasta el día siguiente. Al revisarlas, elige la que más te sorprenda, no la que más te guste.
Fotografía una parte de ti que normalmente no miras: manos, pies, la nuca, tu sombra en la pared. Pregúntate qué cuenta de ti esa imagen. Es un buen ejercicio si mirarte a la cara todavía te resulta incómodo.
Sal a la calle y busca reflejos: escaparates, charcos, el cristal de un portal. Hazte un autorretrato integrado en el entorno. Te ayuda a verte como parte de un lugar, no como un objeto aislado que evaluar.
Antes de disparar, escribe en una palabra cómo te sientes. Luego intenta que la foto transmita esa palabra con luz, gesto y encuadre. Guarda la palabra junto a la imagen. Al cabo de unas semanas tendrás un diario visual de tus emociones.
Elige una foto tuya que no te guste y escribe tres líneas describiéndola como si fuera de un amigo. Sin juzgar, solo describiendo. Es sorprendente lo distinto que nos tratamos cuando cambiamos de punto de vista.
No. Un móvil con temporizador es suficiente. Lo importante es la luz (una ventana funciona muy bien) y la intención.
El selfie suele buscar la aprobación de los demás y se hace rápido. El autorretrato busca expresar o entender algo de ti y se hace con calma, aunque también se pueda hacer con el móvil.
Puede tener efectos terapéuticos y se usa en contextos de arteterapia y fototerapia, pero por sí solo no es una terapia. Si quieres profundizar en ese enfoque, lee autorretrato terapéutico: fotografía para sanar desde dentro.
Una vez por semana es un buen ritmo para empezar. Lo suficiente para crear hábito sin que se convierta en una obligación.
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